Vivo con muchísimo interés todo lo que está ocurriendo en Líbano. Muerte, desesperación, éxodo… palabras que Israel conoce bien y que aplica sobre sus vecinos. Venganza sin límites contra la población civil por lo que ha hecho un grupo terrorista. ¿Es así, o sólo me lo parece a mí? Recuerdo la foto que ayer publicaba El País y algún que otro periódico europeo. El rostro del terror de una mujer con un coche calcinado de fondo. Paisajes ennegrecidos por las bombas y el fuego. Enésimo epílogo de una historia que no sabemos si algún día llegará tendrá final, bueno o malo, el que sea, el que toque, pero al fin y al cabo, final.
Pero todo esto venía a cuento, por la cuestión del tiempo, de la inmediatez informativa, porque los hechos se suceden casi sin lapso para la reflexión. Me explico: no me ha dado tiempo a reflexionar con vosotros sobre la bomba en Bombay (macabra cacofonía: bomba-bombay). Desconozco en profundidad los razonamientos que pueden hacer que alguien llegue a la conclusión de que sus problemas se van a resolver con una bomba y el consecuente reguero de sangre. Por supuesto no lo comparto ni lo haré nunca.
Conocer la noticia fue impactante. Nosotros no tenemos pensado ir a Bombay, pero que alguien atente contra una ciudad en la que tú piensas disfrutar tus días de vacaciones se hace poco menos que preocupante. Pensemos en Madrid, Londres o Nueva York.
Fueron y son 185 muertos y más de 700 heridos. De nuevo los trenes, de nuevo los inocentes.
Pero eso no es todo, el 17 de julio, al norte de Nueva Delhi, un ataque maoísta ha causado 17 muertos, 70 heridos y 20 secuestrados. Al parecer, según la policía, los atacantes dispararon indiscriminadamente y prendieron fuego a medio centenar de casas. Horrible.
Y por si fuera poco, el grupo que ha reivindicado los ataques a la capital financiera de La India dice que atentará contra instalaciones del Gobierno y lugares de interés histórico. Nada más y nada menos.
Conocido todo esto, lógicamente hemos contado hasta 10. Luego, algo más tranquilos, aunque tengo que especificar que para mí es más respeto que miedo, hablamos con la agencia de viajes (CATAI). Acordamos cambiar el destino por otro si finalmente se recrudece el conflicto y los ataques indiscriminados siguen produciéndose en el continente de la espiritualidad.
Eso es lo de menos, lo importante que India pueda recuperar su vitalidad, y sobre todo su tranquilidad, para que algún día podamos ir a visitarla en paz.
MAQUIAVELO

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Saludos
Maquiavelo